LA ACTIVIDAD FÍSICA EN EL TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN

ISSN 2696-5151

NUMERO: 11 AÑO: 2019

Numero de Visitas: 469

Autores: Lic. Lucas Mamud Meroni y Prof. Lic. Federico Lande.

Introducción

Luego de una revisión de material bibliográfico surgió este texto en forma de apunte, en el cual redefinimos conceptos entrecruzando nuestras profesiones y puntuamos antecedentes de intervenciones con actividad física para el tratamiento de la depresión.

Introducción

Luego de una revisión de material bibliográfico surgió este texto en forma de apunte, en el cual redefinimos conceptos entrecruzando nuestras profesiones y puntuamos antecedentes de intervenciones con actividad física para el tratamiento de la depresión.

Depresión

Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2013) estiman que la depresión afecta a 350 millones de personas en todo el mundo y es considerada por esta entidad como “la Epidemia del Siglo”. La depresión afecta más a la mujer que al hombre. Es la cuarta afección médica más discapacitante en el mundo y se pronostica que será la segunda hacia el año 2020, solamente superada por la Cardiopatía isquémica.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V, 2013) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) los síntomas principales incluyen tristeza, fatiga, retraso psicomotor o agitación, niveles reducidos de energía, aumento o disminución del sueño y del apetito, irritabilidad, indecisión, evitación social, ansiedad, dolores musculares y hasta en algunos casos, ideas suicidas.

Quienes han pasado por circunstancias vitales adversas (desempleo, duelo, traumatismos psicológicos) tienen más probabilidades de sufrirla y es de 2 a 3 veces mayor en pacientes con enfermedades crónicas (Rosemann, 2007). 3

Sedentarismo

El advenimiento de un estilo de vida en el cual la mayoría de las situaciones se resuelven estando sentados ha hecho que una baja actividad musculoesquelética durante gran parte del día sea la norma y no la excepción.

Las definiciones operativas más estudiadas son: tiempo sentado, horas de televisión y horas de pantalla en algún dominio en particular como ser el tiempo libre o el trabajo (Farinola, 2010).

El sedentarismo es uno de los factores de riesgo cardiovascular independiente aumentando un 50% el desarrollo de enfermedad coronaria y cerebrovascular.

Hay en Argentina, según los datos preliminares de la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018, un 64.9% de personas sedentarias. El estilo de vida sedentario no sólo atenta contra la calidad de vida de la población, provocando la aparición de enfermedades no transmisibles, sino que, además, tiene un alto costo económico para el país. Un 20% del presupuesto destinado a los organismos y entidades relacionadas a la salud podría ser redefinido si se logrará cambiar este estado de situación con programas y proyectos que favorezcan el desarrollo de actividades físicas recreativas. De esta forma, los recursos

disponibles serían orientados de manera eficiente hacia planes de prevención y mejoramiento de la salud pública y no solamente a cubrir las urgentes demandas coyunturales que ocasionan las enfermedades.

Sedentarismo y depresión

La depresión puede conducir a la disminución de actividad física debido a una baja de la energía y dolores musculares o fatiga, y la disminución de actividad física puede ser un factor de riesgo para padecer depresión (Gómez Pinilla, 2010). Según Biddle y Mutrie (1991) y Weyerer y Kupfer (1994) las probabilidades de presentar síntomas depresivos son mayores en las personas sedentarias que en aquellas que realizan algún tipo de ejercicio físico.

En el año 2014, un equipo de China de la Facultad de Medicina de la Universidad de Qingdáo, Shangong, detectó que las conductas sedentarias están asociadas con un 25% más de posibilidades de desarrollar depresión que la gente que mantiene un estilo de vida activo. Los autores de la revisión publicaron en British Journal of Sports Medicine los resultados de la combinación y el reanálisis de los resultados de 24 estudios observacionales publicados sobre un total de 193.166 participantes. Todos habían indagado los niveles de sedentarismo y su relación con el riesgo de padecer depresión. Dos estudios se habían realizado en Australia, cuatro en Asia, siete en América y once en Europa. Además, el equipo detectó diferencias de acuerdo con el tipo de actividad sedentaria preferida. Mirar TV aumentaba el riesgo un 13%.

Actividad física y cerebro.

El factor de crecimiento nervioso (NGF), el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), las neurotrofinas-3 (NT-3), y las neurotrofinas-4 (NT-4) son sustancias de naturaleza proteica denominadas neurotrofinas y están relacionadas al desarrollo y mantenimiento del sistema nervioso de los vertebrados. De estas cuatro neurotrofinas, el BDNF es interesante en la depresión ya que sus niveles son menores. Esta sustancia, que favorece la aparición y el mantenimiento de nuevas sinapsis, es fundamental en procesos de plasticidad neural en lugares importantes para el aprendizaje y la memoria, tales como el hipocampo, la corteza y la amígdala.

El BDNF provee soporte vital para las neuronas colinérgicas (neuronas que se comunican a través del neurotransmisor acetilcolina) del cerebro anterior, un sitio relacionado con la degeneración causada por la enfermedad de Alzheimer o la edad.

En situaciones estresantes el gen del BDNF podría ser reprimido en algunas neuronas, lo que desencadenaría la muerte por apoptosis de esas células y supondría una reducción del volumen encefálico de las estructuras implicadas.

Corteza Prefrontal y depresión

La Corteza Prefrontal (CPF) es una colección de áreas neocorticales que envía y recibe proyecciones desde virtualmente todos los sistemas corticales sensoriales, motores y muchas estructuras subcorticales. Se considera que la actividad fundamental de la CPF es la coordinación de pensamientos y acciones de acuerdo con metas internas. Es la región cortical que está más elaborada en primates, animales conocidos por su repertorio comportamental diverso y flexible.

Se ha podido relacionar que los déficits en la memoria de trabajo que sufren las personas que están deprimidas, sugieren una alteración de la CPF (Koenigs, 2009; Kang, 2012). Un equipo de investigadores de la Universidad de Yale en el año 2012, publicó una investigación en la revista Nature Medicine donde encontró que estos déficits inhiben la capacidad del cerebro para

establecer nuevas conexiones sinápticas, por lo que se produce una constante disminución de dendritas en las neuronas de las áreas relacionadas con la regulación emocional y cognitiva

La práctica frecuente de actividad física de moderada intensidad ha sido considerada siempre como algo muy saludable (OMS, 2013). Según John Ratey en “El Cerebro: Manual de instrucciones” estudios en humanos sugieren que la actividad física aeróbica puede llegar a tener efectos beneficiosos sobre la neuroplasticidad del cerebro con aumento de la materia gris en la CPF y en el hipocampo, junto a un aumento de la irrigación cerebral en estas zonas. Investigadores de la Universidad de Columbia desarrollaron un trabajo que demuestra que quienes han pasado tres meses entrenando en una máquina de ejercicios cardiovasculares tienen el doble de flujo sanguíneo en la circunvolución dentada (clave en el mecanismo de la memoria). Según dicho trabajo, para obtener estos resultados es necesario entrenar 40 minutos netos, cuatro veces a la semana.

Actividad física aeróbica

La actividad física aeróbica tiene influencia sobre la síntesis y liberación de neurotransmisores como las endorfinas, dopamina y serotonina.

La secreción de endorfinas aumenta sus concentraciones durante la actividad física intensa y prolongada. Su liberación es directamente proporcional a la intensidad y la duración del esfuerzo y produce sensación de placer, mejora el estado de ánimo y genera analgesia. La dopamina es el neurotransmisor que interviene en los sentimientos de gratificación, motivación y atención. La secreción de dopamina aumenta, tanto en la fase intensa del ejercicio, como con el ejercicio prolongado.

La serotonina participa en procesos como regulación del sueño, del estado de ánimo, de algunos procesos corporales (apetito y saciedad, actividad sexual, etc.), y fisiológicos (disminución de la producción de ácido clorhídrico del estómago, regeneración hepática, estimulante muscular, favorece la división celular). Este neurotransmisor aumenta sus niveles con los programas de ejercicios aeróbicos intensos y regulares.

Conclusiones

Los resultados sugieren la necesidad de potenciar el papel de la actividad física, haciéndose necesario sensibilizar a la sociedad (a través de profesionales de la salud, docentes, medios de comunicación, etc.) de que una práctica adecuada, entendida esencialmente como que ésta sea adecuada para el tipo de persona, regular y con una intensidad de ligera a moderada, hará que las personas inactivas físicamente mejoren su calidad de vida relacionada con la salud y, además, la probabilidad de padecer depresión sea menor que si se mantiene un estilo de vida sedentario.

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