CEREBRO, MENTE Y SUBJETIVIDAD

Autor: Psic. Francisco Arnut Echave

Escribir sobre las Neurociencias y Psicología, no es tarea sencilla, donde la moda por lo “neuro” ha desvirtuado, en cierta medida, el verdadero aporte de nuestro sistema nervioso al deporte, sujetando y minimizando nuestra subjetividad al “cerebro”.

En nombre de las neurociencias, entendiéndolas como un conjunto de disciplinas científicas que abordan, esencialmente, la neuroanatomía y funcionamiento del sistema nervioso, se ha colocado al cerebro como el director de orquesta de todo lo que hacemos como las personas, sobrevalorando y confundiendo las conexiones neurales (procesos) con los procesos psicológicos (contenido), reduciendo al ser humano a nuestra “computadora” cerebral.

Somos mucho más que nuestra “computadora” cerebral con su hardware y software, donde la tecnología más poderosa no podría parecerse a nosotros, sencillamente porque las computadoras no poseen empatía, intuición, emociones y mucho menos conciencia, esa voz interior que acompaña a todos nuestros comportamientos diarios.

En esta sintonía, muchos investigadores resaltan que existe un gran reduccionismo sobre el ser humano; pareciera que con saber la localización cerebral de algunas funciones de nuestras conductas y asociando el comportamiento con una o varias áreas de nuestro sistema nervioso que realizan una conectividad neural, es suficiente para comprender nuestra mente, limitándola al conocimiento neurofisiológico de nuestros comportamientos, pero no a nuestra subjetividad.

Para razonar, percibir o desear no basta con la actuación del cerebro, como afirmaban los reduccionistas, siendo necesario que la mente (entendiéndola como los procesos psicológicos) participe y coopere con la actividad cerebral. Es por ello, que consideramos falsos los postulados de que los fenómenos mentales o psicológicos, sólo pueden explicarse como la expresión biológica de los procesos cerebrales; esta reducción abre una gran puerta al intrusismo profesional en el área de la psicología.

Explicamos nuestro planteo con el siguiente ejemplo: si dos personas corren hacia la parada del colectivo para poder abordarlo y no perderlo, podemos decir que ambas están corriendo y las órdenes del cerebro hacia los músculo es: ¡¡¡corre!!!, por ende, podríamos decir que las dos personas a nivel cerebral están realizando el mismo proceso neural, donde la explicación de este proceso lo podemos encontrar en las Neurociencias, pero ¿por qué corre una persona y por qué corre la otra?; si pensamos que la respuesta es para alcanzar el colectivo, es una respuesta muy sencilla, aunque hay otros motivos subjetivos e individuales: el llegar a tiempo al trabajo, no querer causar una impresión de impuntualidad, el no querer esperar el otro colectivo, entre otras. Es por ello, que las respuestas sólo la pueden brindar cada persona y es en esa subjetividad donde la Psicología, encarnada por un psicólogo, brinda su saber.

A la fecha, pensar el deporte descartando las Neurociencias, lo consideramos un gran error. Sin lugar a dudas la contribución del “cerebro” en el rendimiento deportivo es indiscutible, como lo es el aporte de la Psicología del Deporte, aunque esta última puede presentar más detractores que adeptos. Esto sucedería, muchas veces, por desconocimiento o por una creencia errada de los aportes que puede brindar la Psicología y por la dificultad de comprender y objetivar los discursos psicológicos, donde el deporte actual pide datos y la psicología, generalmente, ofrece más palabras y discursos.

La Psicología del Deporte y Neurociencias poseen puntos de encuentro, para encontrarlos nos basamos en la diferenciación de mente – cerebro, adhiriendo a la postura dualista, que sostiene que el cerebro (sistema nervioso) no podría dar cuenta de la mente (procesos psicológicos), admitiendo la existencia autónoma de una mente distinta al cerebro que nos posibilita nuestra condición humana más allá de nuestros comportamientos, que ejerce una función superior de interpretación y control de los procesos neuronales, pero adherimos a la innegable interacción entre mente y cerebro.

No es nuestra intención generar un debate, ya que estancarnos en posibles desencuentros entre Neurociencias y Psicología sería como querer buscar la respuesta a: ¿qué fue primero el huevo o la gallina? y tampoco queremos que se interprete que valoramos una sobre la otra, sino que cada una brinda su saber al deporte.

Entendemos que el comportamiento humano tiene correlatos cerebrales, donde el funcionamiento cerebral es necesario para brindar una respuesta del “cómo” sucede tal conducta, pero el cerebro no puede brindar un respuesta del “para qué” o “por qué”; y es aquí cuando se pone en juego nuestra subjetividad e individualidad.

Veamos otro ejemplo: supongamos que existe un nivel elevado de presión (estrés) para todos los jugadores, la subjetividad está presente, en los distintos orígenes de dicha presión, por ejemplo: presión por el resultado, a fallar, a la crítica de la prensa, a perder lo logrado, al entrenador, a los compañeros, a la opinión de la gente, a hacer el ridículo, a los dirigentes, a perder un sponsor o un contrato, entre otras.

Si entrenamos los procesos cerebrales para “controlar” las presiones, lo podremos hacer en forma grupal para todos por igual, buscando la forma de reducir el cortisol, pero para entrenar el “control” de las presiones con mayor efectividad, también debemos considerar la fuente de presión y eso es netamente subjetivo e individual, además de ser una fuente que nos puede conectar con otra, hasta llegar al verdadero origen de presión (muchas veces oculta a la razón).

En este texto, hemos tratado de expresar la importancia de las Neurociencias y Psicología, buscando puntos de encuentros entre el “cómo”, “por qué” y “para qué”, resaltando sus importantes contribuciones y negando el reduccionismo de que todo es cerebro o todo es psicológico, donde ambas cumplen una función y expanden los saberes de la otra, siempre siendo muy cautos hasta que punto podemos intervenir desde dichas disciplinas científicas

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