“La mente también se deja ver”

ISSN 2696-5151

NUMERO: 46 AÑO: 2020

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Autor: Guillermo Castro. Psicólogo Clínico y Deportivo. Club Atlético Newell’s Old Boys. Integrante de APDEL.

Todos sabemos que cada uno de los que llevamos adelante el proceso de entrenamiento de los deportistas, (formadores, entrenadores, preparadores físicos, psicólogos, nutricionistas, kinesiólogos etc.) buscaremos desde nuestros conocimientos según el rol que nos toque desempeñar dar lo mejor para que estos superen su rendimiento.

Ahora bien deberíamos plantearnos entonces, que tipo de persona, deportista, jugador o equipo tenemos frente a nosotros. Esta es una persona devenido en deportista, independientemente de su condición de amateur o profesional que a partir desde sus doce años es consciente de que piensa, siente y experimenta, es decir que sabe que tiene una mente. Considero que todos los que acompañamos la formación de un jugador juvenil, en toda su trayectoria deportiva, no podemos perder de vista lo planteado anteriormente.

Desarrollar la musculatura pertinente le dará al deportista la posibilidad de realizar movimientos, sean específicos o no. La táctica y la técnica también se practicarán y posiblemente dará sus frutos, pero es la mente del deportista la que le indica qué hacer, qué no o hacia dónde dirigirse.

Nuestro cerebro actúa permanentemente desde que nacemos hasta el momento de nuestra muerte, permitiendo distintas experiencias.

Para que se produzca el proceso de aprendizaje en los deportistas es necesario que se estimule su mente, todo lo que ocurre “ocurre en nuestra mente”.

A fin de evitar un cerebro “vago y ocioso”, es importante que los formadores/entrenadores sepan estimular el cerebro y la mente, manteniéndolos encendido y activos, ya que están programados para ir hacia lo que ya se conoce, a lo ya aprendido. Necesitaremos entrenamientos estimulantes y desafiantes para una mejor evolución de los deportistas.

El aprendizaje se da producto de las diferentes interacciones con el medio, por el simple hecho del fluir y vamos organizando la experiencia, pero éste también puede ser direccionado, reconociendo que alguien nos lo está enseñando.

El proceso de enseñanza podrá ser bueno, malo, eficaz o deficitario. Se puede aprender bien, mal, o sentir que por momentos no entendemos lo que nos quieren enseñar, pero no deja de ser muy importante este proceso dual de formador y deportista.

Será necesario entonces la motivación por parte de ambas partes para ejecutar este proceso. Si el deportista percibe que tiene alternativas en la toma de decisiones, ahí podríamos pensar que aumentará su motivación poniendo al deportista en el compromiso de tener que pensar, variables, decisiones, salidas etc., es decir su mente esta activa.

Creo entonces que si se logra el compromiso en esta combinación estrecha de enseñanza/aprendizaje, podríamos pensar que en los deportistas “la mente también se deja ver”, como cuando un medico necesita conocer y comprender la genética, un kinesiólogo debe tener un profundo conocimiento de la anatomía, fisiología y biomecánica del cuerpo y así como otros profesionales de distintas disciplinas.

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