Numero: 72. Año: 4.  Lugar de Edición: Barcelona. España Editor: Juan Pablo Cervigni

(ISSN 2696-5151)

Numero de Visitas: 616

AUTORA: Dra. Maria Marentes Castillo (Mexico)

El cambio de estilo de vida hacia una vida más saludable es un tema de mucho interés actualmente. “Ser Saludable” no solo se vuelve un indicador de salud física y psicológica, sino una cuestión de estatus social y económico, por lo que pareciera que solo algunos pocos tienen la posibilidad de ser saludables. “Ser saludable”, al igual que “ser una buena persona”, “ser una persona exitosa” o todos aquellos estatus que buscamos alcanzar durante la vida se vuelven como esas metas primordiales que detonan una serie de pasos a seguir o acciones a implementar, pero en muchas ocasiones olvidándonos del proceso y pensando únicamente en el resultado. Los estilos de vida saludables incluyen muchos comportamientos como los hábitos de sueño, nuestras redes de apoyo, y claro la actividad física/ejercicio físico y la alimentación o dieta saludable, entre otros, lo que nos lleva tener calidad de vida, y por ende al bienestar físico y psicológico.

Empezaremos con la idea central de que ser saludable tiene que ver con una idea determinada, por ejemplo, estar inscrito en algún gimnasio y comer solamente ensaladas y super alimentos y por tanto solo algunos pocos podrán llevar a cabo estas conductas.  En realidad, ser saludable tendrá que ver con aquellas cosas que hacemos diariamente con la consigna de provocarnos un beneficio físico y psicológico y por lo contrario evitar conductas de riesgo y no saludables, como por ejemplo elegir la mejor opción para alimentarnos y evitar la inactividad física y el sedentarismo, y con estas pequeñas cosas podemos ser personas más saludables cada vez. Como seres humanos tenemos la tendencia a ser activos físicamente y además nos alimentamos condicionados por nuestra cultura, red social y crianza en la alimentación a través de nuestros padres y madres y/o cuidadores principales, y aunque de manera adaptativa el ser humano buscará preservar su salud y prevenir la enfermedad, estos patrones de comportamiento humano actualmente no son del todo adaptativos, ya que el mundo actual nos puede llevar a realizar mayor número de conductas de riesgo como el consumo del alcohol, tabaco, drogas, dietas altas en grasas y azúcares, inactividad física y sedentarismo. Lo anterior ha traído efectos en la salud global como los altos índices de sobrepeso y obesidad y bajos porcentajes de actividad física. ¿Cómo ha sucedido esto? Existen muchos modelos que han explicado el comportamiento saludable de las personas (modelo de protección de la salud, creencias de salud, etc.) y todo esto se puede decir cabe dentro del estudio del cambio conductual. 

En el ámbito de lo adecuado y lo no adecuado para ser saludables, existe una brecha importante entre lo que se sabe que pasa desde la ciencia, y lo que pasa a nivel popular y social. Esto es, lo que se dice fuera de la ciencia y que se dice por sentido común, y por transferencia de conocimiento generacional. A esto también habrá que añadirle el pseudo-conocimiento impartido por personas fuera del ámbito profesional.

Otro elemento importante es la búsqueda del ser saludable por mera salud física y emocional y prevención de la enfermedad y/o a través de la imagen corporal y del peso ideal. Este elemento es básicamente el punto de partida para llegar a lo que se hace y sí se lleva a cabo lo adecuado o no en la búsqueda de lo saludable. Sabemos que por preceptos sociales se ha mantenido la idea de que la imagen corporal y/o peso ideal es el único indicador de salud. Esta idea es errónea ya que la imagen corporal y/o peso ideal puede ser un indicador de salud, pero no es el único ni tampoco determinante de la salud.

La idea de este artículo no es profundizar de manera teórica sobre el “ser saludable” sino tratar de explicar de forma sencilla de que se trata el cambio saludable, de lo adecuado y lo no adecuado siempre desde una perspectiva científica. Intentaremos hacerlo. Siempre inicio diciendo: “El cambio conductual va más allá de la conducta”. Lo digo porque cuando se trata de generar cambio hacia la conducta saludable, pareciera tan fácil dar una serie de pasos o tips para realizar un cambio eficaz. Es cierto, que lo evidente en el ser humano es la conducta, es lo que hacemos, es lo tangible, pero la realidad es que más allá de lo que vemos hay una serie de elementos internos, sociales y ambientales que están en continua interacción para facilitar o impedir el cambio hacia una conducta. Es cierto también que hay muchas oportunidades para cambiar. Muchas organizaciones e instituciones han implementado una serie de programas, talleres y demás para provocar el cambio. Es verdad también que en determinadas zonas del mundo las ciudades también han apostado por zonas más activas, buscando que la persona adopte mejores estilos de vida. Sin embargo, pareciera que esto no funciona del todo y seguimos inmersos en el riesgo constante de realizar conductas no saludables, esto claro de nuevo influenciado por el estilo de vida que llevamos en la actualidad donde existe poco tiempo para dedicárselo a realizar ejercicio y a prepararnos una comida saludable.

¿Por qué sucede lo anterior? ¿Por qué te has propuesto algo este mes y lo has abandonado al siguiente? ¿Por qué parece que no podemos abandonar patrones no saludables de conducta? ¿Por qué flaqueamos ante la tentación? Podríamos hacernos muchas preguntas, pero no se trata de la pregunta en sí, sino de la respuesta. Claro, las respuestas parecen tenerlas muchas personas fuera del área profesional que publican videos, o listas de recomendaciones muchas veces basadas en la propia experiencia, tendencias, modas o tal vez en algún tipo de ¿sentido común? Bien, vamos a las respuestas: El cambio forma parte de la naturaleza de la persona y todo el tiempo estamos ajustándonos a nuevos estilos de vida, aquí hablando un poco, que en la medida que pasa el tiempo, nos enfrentamos a situaciones de vida que nos llevarán a modelar o cambiar ciertas conductas, por ejemplo: Si cambiamos de la preparatoria a la universidad, nos adaptaremos a dejar de llevar uniforme para darle mayor uso a nuestras otras prendas de ropa, o ajustaremos nuestros hábitos de sueño a nuestros nuevos patrones de responsabilidades escolares, o si nos cambiamos de ciudad nos ajustaremos a las nuevas formas de vida de aquella ciudad. Por tanto, cambiar está en nuestra naturaleza, sin embargo, también es cierto que tenemos la capacidad de hacer cambios intencionales, es decir, que sí hay algo a lo que no nos estamos ajustando apropiadamente o algo nos está causando malestar podemos realizar un cambio adicional. Aquí podemos resolver nuestro primer elemento: Las personas tenemos la capacidad de hacer cambios en salud, es decir podemos ser más activos físicamente y podemos alimentarnos de forma saludable. Todas las personas tenemos un conjunto de recursos individuales y sociales los cuales pueden poner en funcionamiento para hacer un cambio. Por supuesto habrá personas que permanezcan sin realizar cambios intencionales o los no interesados en el cambio, a los cuales podemos darle tiempo y espacio para que a través de distintas estrategias comiencen a contemplar el cambio intencional. Ahora, ¿qué elementos individuales y sociales podemos poner en marcha? La investigación en psicología de las conductas saludables ha puesto de manifiesto la influencia de una serie de variables que afectan directamente la realización de la actividad física y la alimentación saludable. Aunque no te contaré de todas las variables implicadas porque nos llevaría mucho tiempo de lectura, te hablaré de algunas que actualmente estamos estudiando y podemos llevar a la práctica más eficientemente, por lo que te hablaré de la motivación, de la autoeficacia y de las barreras del cambio. La motivación es una variable individual que proporciona dirección y persistencia a nuestra conducta, es una variable reguladora de nuestras acciones y que puede tener efectos en la calidad de nuestra conducta. Básicamente puedes conocer la calidad de tu motivación cuando te preguntas ¿por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo? Sí la respuesta tiene que ver contigo, es decir, porque me gusta, porque lo disfruto entonces probablemente estarás haciendo lo que haces por motivación autónoma, pero si la respuesta está relacionada con “lo hago porque tengo/debo hacerlo”, porque mi madre me presiona para hacerlo, o porque quiero evitar ciertas consecuencias negativas, entonces lo que haces está relacionado con la motivación controlada. En este sentido, nuestra motivación está relacionada con la calidad de nuestra conducta, y mientras mayor calidad haya en nuestra motivación tanto el proceso de cambio como el resultado puede ser mejor y más eficaz. Quisiera que quede claro que la motivación suele entenderse muy mal relacionándola más que nada con la cantidad de energía que podemos necesitar para hacer algo (mucha o poca motivación), y aquellas personas no profesionales suelen recomendarte que veas algún video, o escuches alguna canción para motivarte, o te pueden dar alguna frase alentadora. Esto no es motivación, la motivación es algo personal y la vamos desarrollando desde infantes con la ayuda de la interacción del contexto. Por otro lado, tenemos a la autoeficacia. Este recurso psicológico se refiere a la confianza que tenemos en nuestra capacidad para llevar a cabo diferentes acciones. Es decir, sí pensamos que podemos hacer algo, probablemente intentaremos hacer ese algo y, por el contrario, si pensamos que no seremos capaces de hacer algo, no lo intentaremos hacer. Ahora, esto no es tan sencillo como decir “Querer es poder” como suele leerse en muchas recomendaciones por las redes sociales o frases alentadoras, sino es una creencia que se forja a través de 4 fuentes importantes de información: la propia experiencia de éxito, la experiencia de otros, la persuasión de lo/as otro/as y las experiencias fisiológicas experimentadas. Vamos a tratar de explicarlo con un ejemplo: Quieres comenzar a hacer más actividad física y vas a un grupo de entrenamiento y te indican “correr durante 15min”. Ahora entonces nosotros/as intentaremos correr o no sí se cumple lo siguiente: 1) Si ya hemos corrido con anterioridad y sí además esas experiencias fueron positivas o negativas, 2) Sí podemos observar que otras personas similares a nosotros/as lo llevan a cabo y si su experiencia es positiva o negativa, 3) Si el/la preparador/a físico/a nos explica bien la tarea, si nos da las razones adecuadas para hacerlo, es decir utiliza su pericia para llevarnos a hacer la tarea y 4) el estado fisiológico/emocional en el cual nos encontremos, ¿nos sentimos bien físicamente? ¿hemos cubierto nuestras necesidades de comida, sueño, etc.? Como puedes darte cuenta en realidad la frase “Querer es poder” no es tan sencilla como parece.

Por último, te cuento sobre las barreras del cambio. Las barreras de cambio son elementos tanto internos y externos al individuo que impiden la realización de esa conducta que quieras llevar a cabo. Es usual igualmente leer por muchos lugares el “Deja de poner pretextos”. Las barreras del cambio son reales en la vida de una persona, ya que todos nosotros tenemos contextos distintos y además recursos psicológicos diferentes que nos pueden facilitar o impedir el cambio. Pueden ser elementos de nuestra personalidad, de baja calidad de la motivación, baja autoeficacia, falta de apoyo social, o falta de facilidades para llevar a cabo esa conducta, y en este sentido estas barreras pueden convertirse en verdaderos problemas para llevar a cabo nuestro cambio saludable.

Ahora bien, ¿Cómo podemos utilizar nuestros recursos propios y externos para cambiar? Imagina que quieres volverte jugador de baloncesto (no importando la edad que tengas) y jugar en alguna liga de tu localidad. Esta meta que te has propuesto te llevará a buscar probablemente un club donde poder entrenar, aprenderás a manejar el balón, entrenaras las capacidades físicas que se necesitan para ese deporte, y aprenderás de técnica de tiro, defensa, etc., así como la táctica de juego, este entrenamiento te ayudará a mejorar en el baloncesto e irás elevando tu nivel de jugador y podrás comenzar a jugar partidos con tu equipo. Bueno lo mismo pasa con la conducta saludable, cuando tú quieres hacer más actividad física y alimentarte mejor debes entrenarte en ello, pero son conductas tan cotidianas que siempre estamos llevando a cabo en menor o mayor calidad (siempre nos estamos moviendo y alimentándonos) pues pareciera que no necesitamos prepararnos para llevarlas a cabo. La realidad es que cada uno de nosotros podemos aprender a llevar a cabo actividad física, ya si quieres ser más activo en tus desplazamientos de casa al trabajo, o a la escuela, o si quieres empezar un plan de trabajo físico, si quieres perder peso a través de la alimentación o mejorar tu forma de comer tendríamos que prepararnos. Tanto la actividad física y la alimentación saludable son conductas complejas que no se pueden simplificar en una serie de pasos, tips o recomendaciones, ya que no solo se trata de “hacer cosas” se trata de que mejoremos nuestra motivación hacia la actividad física y que nos guste movernos, que entendamos la importancia del ejercicio y lo hagamos sin que nada ni nadie nos presione para hacerlo, se trata de que en lugar de elegir una bollería para merendar, nos comamos una fruta o algún snack saludable no porque queramos evitar calorías sino porque sepamos que son alimentos de mejor calidad y que nos beneficiarán más que la bollería. Se trata de que practiquemos la conducta, que tengamos pequeños logros en nuestros cambios y al mismo tiempo nos genere mayor confianza en seguir adelante. Se trata de que identifiquemos cuáles son nuestras barreras más importantes y encontremos alguna estrategia para solventar esa limitante. Ahora bien, cuando hablamos del cambio, otro elemento importante que quiero dejar por sentado es que “Mientras más drástico sea el cambio que implementemos, más irrumpirá nuestros estilos de vida y más probablemente abandonaremos la conducta”, por lo que te invito a hacer pequeños cambios, todo cambio puede ser significativo y cada logro en ese pequeño cambio generara mayores cambios. Ten en claro que este párrafo te lo estoy describiendo muy sencillamente, pero proviene de la evidencia científica, no te lo digo porque quiera venderte alguna idea nueva. Seamos claros, el cambio en salud es complejo, pero es posible cuando nos preparamos para el cambio. El cambio es posible cuando nos fijamos en el proceso y no únicamente en el resultado. Recuerda que la imagen corporal y el peso no son un único determinante de salud. Por lo que puedes tener peso de más y ser muy saludable (de nuevo, te lo digo basado en la evidencia científica).

Autorregular nuestra salud requiere movilizar nuestros recursos psicológicos, sociales y ambientales. Te invito a que, si quieres realizar un cambio en salud, recurras a un profesional. Se que a veces hay profesionales que no se comunican de manera adecuada, que nos hacen sentir presionados y simplemente no tenemos ganas de regresar al entrenamiento o a la consulta y esa es una barrera para el cambio, un aspecto al que también nos estamos enfocando: Cambiar la forma de aproximación del nutriólogo/a, entrenador/a o preparador/a físico/a al paciente/cliente. El cambio en salud es un trabajo colaborativo entre paciente/cliente y profesional, no solamente es pasar lista de varias conductas. Necesitamos entender el proceso para llevarlo a cabo con mayor eficacia y bienestar.

La salud no es cuestión de imagen ni de un resultado, es una cuestión interpersonal y de proceso. Recuerda que el cambio comportamental va más allá de la sola conducta.

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