Numero: 86. Año: 4.  Lugar de Edición: Barcelona, España Editor: Juan Pablo Cervigni

(ISSN 2696-5151)

Numero de Visitas: 230

Autora: Lic. en Psicología, Cecilia Murúa.(Argentina)

El Crossfit como práctica deportiva ha sumado gran cantidad de adeptos en los últimos años, habiéndose incrementado notablemente el interés por esta actividad entre el público en general. La proliferación de boxes invita a la participación de un amplio rango de personas, planteándose como una nueva alternativa a la hora de ejercitarse.

Sin embargo, quienes cuentan con una mayor trayectoria en este ámbito, alcanzando las categorías más altas de rendimiento, deben hacer frente a niveles de trabajo y volúmenes de entrenamiento considerablemente elevados, destacándose no sólo por sus destrezas físicas, sino también por sus habilidades mentales. Por tal razón, la profundización en este último aspecto se constituye como un foco de sumo interés para actores deportivos que participan de este espacio en general, y para la Psicología aplicada al Deporte en particular.

Acondicionamiento físico

El Crossfit se caracteriza por ser un programa de acondicionamiento diseñado para generar una respuesta lo más adaptativa posible ante múltiples desafíos físicos y toda combinación posible de estresores. Se inclina hacia la optimización de las competencias físicas en  diez dominios: resistencia cardiovascular y respiratoria, estamina, fuerza, flexibilidad, velocidad, coordinación, agilidad, balance, precisión y potencia. Además de esta última, se basa también en la adaptación neuroendocrina, el entrenamiento y los movimientos funcionales; y su jerarquía de esfuerzo incluye la alimentación, el acondicionamiento metabólico, la gimnasia, el levantamiento y lanzamiento de pesas y el deporte (Crossfit Training Guide, 2002-2021).

De acuerdo a quienes se encuentran en las categorías elite, los pilares fundamentales para su práctica no se limitan a un riguroso ritmo de entrenamiento, alimentación y descanso; sino que también incluyen un alto grado de tolerancia a la frustración y al desgaste, un entorno positivo, la capacidad de establecer prioridades y atender cada vez más a los detalles que hacen al desempeño; contar con los medios necesarios para dedicarse a esta actividad, predisposición genética, salud y fortaleza mental, disciplina, consistencia, paciencia y compromiso.

De esta manera, se percibe la complejidad de los procesos de preparación, entrenamiento y rendimiento pertinentes a esta disciplina.

Crossfit y salud mental: prepararse para lo inesperado

La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como un “estado de bienestar en el cual cada individuo puede dar cuenta de su propio potencial, lidiar con el estrés normal de la vida, trabajar productiva y fructíferamente, y contribuir a su comunidad” (OMS, 2014 citado en Küttel y Larsen, 2020). Al mismo tiempo, puede entenderse como un continuo y no como una categoría mutuamente excluyente con el padecimiento. Refiere a la coherencia entre el individuo y su contexto, siendo relevantes los diversos factores intervinientes en su estado de salud en general, y en su salud mental en particular (Küttel y Larsen, 2020).

De esta forma, no se limita únicamente a la ausencia de patologías reconocidas y diagnosticadas, sino que también abarca la posibilidad de la persona de vincularse con y desenvolverse satisfactoriamente en su entorno. En este sentido, pueden diferenciarse factores protectores, favorecedores del bienestar mental y emocional, y factores de riesgo que pueden afectar negativamente el mismo.

Factores protectores

En cuanto a los factores protectores asociados al entorno se encuentran las relaciones deportivas positivas y el apoyo, el ambiente deportivo confiable y orientado al desarrollo de las habilidades, y el ajuste exitoso en la etapa de retiro. Entre los asociados a las características personales, se mencionan la adecuada recuperación, la satisfacción de las necesidades psicológicas básicas (competencia, autonomía y relacionarse) y el alcance de los objetivos planteados en la carrera deportiva (Küttel y Larsen, 2020).

Si bien el grupo de atletas abordado se inició en el Crossfit luego de haber realizado otro tipo de actividades deportivas, por curiosidad o recomendación, y sin intenciones iniciales de desempeñarse profesionalmente en el mismo, desarrollaron una adherencia considerable a esta práctica. En esta línea, respecto al interés y sostenimiento de esta actividad en la población general, se reconoce que características tales como el disfrute, el desafío y la afiliación (Dominski, Teixeira, Siqueira y Andrade, 2021), así como el cuidado de la salud, el desarrollo de habilidades y la mejora física (Sibley y Bergman, 2017) se constituyen como las principales fuentes de motivación para participar de las clases de Crossfit. La alta intensidad de los ejercicios en un tiempo reducido, la pertenencia a una comunidad que alienta y apoya, el registro de los récords personales y el entrenamiento que estimula la competitividad se presentan como factores relevantes en este aspecto (Dominski, Teixeira, Siqueira y Andrade, 2021).

Particularmente, en relación a las necesidades psicológicas básicas, la competencia se presenta como el mayor predictor para la participación en Crossfit: además del desafío inherente a sus bloques de entrenamiento, llevar un registro del rendimiento (tiempo, número de repeticiones, cantidad de peso) permite ver el progreso a lo largo del tiempo, lo cual reforzaría la adhesión a esta actividad; sin embargo, la comparación con otros puede resultar desalentadora. Por otro lado, la satisfacción de la necesidad de autonomía predice una mayor motivación intrínseca. Independientemente de que los entrenamientos se encuentren predeterminados, la posibilidad de elegir ejercicios, intensidad, variaciones o progresiones, así como la decisión voluntaria de formar parte, colaboran con este aspecto. Por último, en cuanto a la necesidad de relación, se vincula mayormente a una motivación extrínseca. Sin embargo, la organización propia de las clases mejora la calidad de las relaciones entre los participantes (Sibley y Bergman, 2017), facilitando el desarrollo del sentido de pertenencia.

Cabe mencionar, no obstante, que la aplicabilidad de estos preceptos abarca principalmente a la práctica recreativa de esta actividad. El deporte de elite, en cambio, exige sobresalir y alcanzar niveles óptimos de rendimiento bajo condiciones extremadamente demandantes (Jones, Hanton y Connaughton, 2007) que exceden las características propias de las clases ofrecidas para el público en general.

Tales desafíos invitan a profundizar en la manera en que la salud mental de atletas de alto rendimiento se ve afectada, en tanto no sólo se ponen en juego elementos propios de las competencias y los entrenamientos, sino también sociales, culturales y relativos al contexto en que se encuentran.

Factores de riesgo

Así, los factores de riesgo asociados al entorno deportivo incluyen estresores específicos del deporte, el estigma en torno a la búsqueda de ayuda, la falta de apoyo social por parte de entrenadores y equipo, la crisis sufrida por el retiro y las características específicas de los deportes individuales. Asimismo, entre los factores de riesgo asociados a las características personales se encuentran un pobre estado de salud general, hábitos de sueño y alimentación deficientes; la triada padecida por las atletas femeninas (disfunción menstrual, baja energía disponible – con o sin trastornos de alimentación – y una disminución de la densidad ósea); relaciones negativas, insatisfacción de las necesidades básicas y de las relacionadas con la carrera, eventos vitales adversos, estrés crónico, comportamientos de riesgo y métodos de afrontamiento inefectivos, así como características de personalidad e identidad desadaptativas (Küttel y Larsen, 2020).

A este respecto, a nivel general, en el caso de los deportistas, se reconoce que encuentran su motivación para realizar Crossfit en factores tales como el desafío, el reconocimiento social, la competencia, fuerza y resistencia (Dominski, Teixeira, Siqueira y Andrade, 2021). No obstante, la presión constante en relación a su rendimiento deportivo, la exposición y las limitaciones a la hora de pedir ayuda debido a la estigmatización en torno a la salud mental, colaboran con la constitución de un círculo vicioso: cuando sufren emocionalmente, su vida personal y afectiva se ve perturbada, lo cual puede generar problemas en el rendimiento, aumentar el riesgo de lesión y de sufrir trastornos mentales y comportamientos adversos. Se destacan en este grupo las lesiones deportivas, la sobrecarga de entrenamiento físico y estrés psicológico, depresión, ansiedad, sobreentrenamiento, desórdenes en la alimentación y abuso de sustancias (Souter, Lewis y Serrant, 2018).

En cuanto a las deportistas, la participación en Crossfit influiría estadística y positivamente en su imagen corporal y comportamientos alimentarios, mejorando su salud mental; siendo los principales motivos para participar la mejora de habilidades físicas, la comunidad, la estética y el desafío (Coyne y Woodruff, 2020). En principio, se promueve el empoderamiento femenino a través de esta práctica deportiva. Sin embargo, además de lidiar con un ambiente mayormente ocupado por hombres, las mujeres se enfrentan en numerosas ocasiones a los cánones establecidos en cuanto a la apariencia, interpretándose la fuerza femenina como demasiado masculina, haciéndose énfasis en el atractivo del cuerpo en lugar de las capacidades y el funcionamiento del mismo (Washington y Economides, 2016).

Cabe destacar, no obstante, que las atletas de alto rendimiento, a pesar de reconocer el impacto que la práctica deportiva ha tenido en sus cuerpos y haberse visto por momentos afectadas por críticas al respecto, priorizan la realización de la misma y comprenden que ciertas modificaciones son necesarias para lograr un determinado rendimiento. Se llega, progresivamente, a tomar conciencia de que ese estado físico es necesario para desempeñarse exitosamente, y que es resultado del arduo trabajo realizado diariamente. Por tanto, en definitiva, el amor por el deporte y el deseo de implicarse activamente en el mismo se priorizan por sobre los estereotipos de género y críticas vinculadas a su aspecto físico.

Se vislumbra, en consecuencia, la influencia del individuo sobre su propio comportamiento, así como también el impacto del entorno en su rendimiento, bienestar e integridad. Así, se considera que la capacidad de hacer frente a los diversos factores estresores, presiones y dificultades presentes en la trayectoria deportiva no se manifiesta en toda persona practicante de una actividad física; y se destaca principalmente en atletas que han alcanzado altos niveles de rendimiento, sorteando exitosamente dichos obstáculos.

Fortaleza mental en atletas elite

Entre los aspectos característicos de atletas olímpicos se destacan una ética de trabajo duro, la capacidad de ser entrenados, altos niveles de esperanza disposicional, optimismo, cierto grado de perfeccionismo adaptativo y, finalmente, fortaleza mental y resiliencia (Gould, Dieffenbach y Moffett, 2002).

A este respecto, según Jones et.al. (2002), la fortaleza mental implica contar con la capacidad psicológica (natural o desarrollada) que permite, en líneas generales, lidiar mejor que los oponentes con las diversas exigencias que el deporte establece en instancias de competencia, de entrenamiento y en el estilo de vida en general. Refiere a la consistencia y supremacía al mantener la determinación, el foco, la seguridad y el control al estar bajo presión. Así, se vincula con la facultad de utilizar las habilidades mentales para gestionar los pensamientos, concentrarse, superar y perseverar ante la adversidad, y mostrar una gran determinación para conseguir los objetivos (Gould, Dieffenbach y Moffet, 2002; Weinberg y Gould, 2010; citado en Piqueras, 2012).

Las habilidades y estrategias mentales implementadas, identificadas por Jones et.al. (2002) y mencionadas a continuación, permitirían además optimizar su motivación y autoconfianza; así como también gestionar adecuadamente los éxitos y fracasos asociados a la preparación y a la competencia. Éstos, conjuntamente con la toma de conciencia e interpretación de las condiciones y el ambiente, colaborarían con el desarrollo de su verdadero potencial.

Actitud y mentalidad

Esta dimensión implica la capacidad de mantenerse en eje a la hora de alcanzar el objetivo planteado, ser consciente de cómo se llegó a la posición actual, creer que el éxito es alcanzable, reconocer los propios talentos y habilidades, superar obstáculos y confiar en la posibilidad de alcanzar su máximo rendimiento. Conlleva, asimismo, la focalización en el objetivo último, priorizando las metas a largo plazo por sobre las ganancias a corto plazo. Además, se vincula con considerar los diversos componentes de su estilo de vida que colaborarán con tal logro, tales como priorizar su carrera, crear un ambiente facilitador y lograr un balance entre la conexión y desconexión del deporte (Jones et.al., 2002).

A este respecto, en el alto rendimiento en Crossfit, hay quienes han trabajado estos aspectos de la mano de profesionales de la Psicología con especialización en el área, y quienes han desarrollado dichas capacidades a lo largo de su trayectoria deportiva. Sin embargo, el reconocimiento de la relevancia de estos factores es compartido por la totalidad del grupo abordado.

Así, se percibe un alto grado de conciencia acerca de las consecuencias de ser consistente y adherente a los entrenamientos, incluso a pesar de que los resultados no siempre sean los esperados. Además, debido al amplio rango de habilidades requeridas en esta disciplina, el autoconocimiento resulta esencial en tanto permite reconocer puntos fuertes, a potenciar y aprovechar; y habilidades menos desarrolladas, en las cuales resulta necesario trabajar con mayor ímpetu para subsanar deficiencias.

A su vez, priorizar el deporte se presenta como una característica central ya que quienes se dedican al alto rendimiento, en gran medida y cuando las posibilidades lo permiten, “viven por y para el Crossfit”, estando su estilo de vida estructurado en torno al mismo. Por tal razón, el acompañamiento y apoyo del entorno reviste suma

relevancia, en tanto que los ritmos de trabajo y entrenamiento impuestos resultan considerablemente demandantes.

Entrenamiento

Se considera que usar objetivos a largo plazo como fuente de motivación, la paciencia, disciplina y autocontrol, así como ser consciente de los límites y posibilidades reales (personales y objetivas) a la hora de plantear metas permite sostener altos niveles de motivación incluso a pesar del desgaste, el paso del tiempo y las circunstancias desfavorables (Jones et.al., 2002).

Particularmente, en lo que respecta a Crossfit, atletas destacan la relevancia del compromiso, consistencia y adhesión a los esquemas de entrenamiento, incluso en los días en los cuales no se sienten motivados para tal fin. En líneas generales, persistir a pesar del desgano, manteniendo el foco en los objetivos, pensando en dónde quieren estar, por qué y para qué se encuentran haciendo lo que hacen, así como mantener un rol activo y responsable, se constituye como un importante incentivo. Asimismo, introducir ciertas variaciones en la rutina, en lo que respecta a los horarios u orden de la planificación, así como compartir con otras personas, contribuye a sobrellevar la monotonía. En tales instancias, se apuesta a dar lo mejor que se pueda, dadas las circunstancias.

Nuevamente, además de los factores personales, se destaca la importancia del contexto en este aspecto. Idealmente, se está en control y no controlado por el entorno, por lo que se busca apostar a tener tanto control como sea posible sobre el mismo, usando cada aspecto en beneficio  propio, reconociendo e interpretando los factores que no pueden ser manejados como desafíos a superar y oportunidades para mejorar el rendimiento. En definitiva, alcanzar los propios límites, encontrando placer en las facetas más demandantes del entrenamiento, obteniendo satisfacción al dar absolutamente todo; y mantener una actitud competitiva hacia su persona y hacia otras en cuanta oportunidad sea posible, maximizaría las oportunidades de aprender y reforzar su deseo de ganar (Jones et.al., 2002).

Competencia

Podría considerarse que las competencias se constituyen como una de las instancias más demandantes a nivel físico y psicológico en la carrera deportiva. En ellas, se ponen a prueba las habilidades y capacidades de cada atleta, siendo el punto cúlmine de las etapas de entrenamiento y constituyéndose como objetivos con mayor o menor relevancia, dependiendo el caso.

A este respecto, si bien la concepción de un atleta refiere a una “persona entrenada o habilidosa en fuerza, poder, equilibrio, agilidad, flexibilidad y resistencia” (Crossfit Training Guide, 2002-2021), las capacidades físicas deben ser acompañadas por capacidades mentales lo suficientemente eficaces como para hacer frente a las demandas psicológicas propias de estos momentos. Entre estas últimas, pueden mencionarse la necesidad de ajustar el rendimiento a las demandas de las pruebas de acuerdo a las propias fortalezas y limitaciones, soportando la extenuación física, dosificando adecuadamente la energía y sobrellevando satisfactoriamente la fatiga percibida. Al mismo tiempo, no ha de perderse de vista el buen dominio técnico y mental de los movimientos, su combinación, su formato y la demanda energética, estructural y psicológica de los mismos (López Papucci, 2019).

Cabe destacar, igualmente, que la exposición ante el público puede resultar estimulante o perturbadora, así como también el espacio en que se realicen las competencias. Contar con la presencia de las personas con las que habitualmente se entrena y hacer uso de los propios materiales, difiere considerablemente de tener que desempeñarse en espacios desconocidos.

Al mismo tiempo, resulta indispensable       gestionar adecuadamente la ansiedad, así como contar con un buen grado de autoconfianza para enfrentar la incertidumbre suscitada por las pruebas y elementos novedosos introducidos en las competencias. Otros factores que desafían la entereza psicológica en estas instancias se relacionan con sobrellevar el mal rendimiento, prever posibles condiciones adversas, aceptar las disposiciones de los jueces, mantener la concentración en el ejercicio y la técnica; así como también confrontar con el rival, la tabla de posiciones, los tiempos y los resultados (López Papucci, 2019).

Considerando todos estos elementos, quienes se desempeñan en el alto rendimiento efectivamente se caracterizan por una gestión adecuada de la presión, tienden a disfrutar de las exigencias de la competencia,

poseen

capacidad de adaptación y afrontamiento, toman las decisiones correctas aún en ambientes hostiles y canalizan la ansiedad, los pensamientos y sentimientos a su favor. Logran usar los aspectos de un entorno difícil en su beneficio, diferenciando los que no están bajo su control, y evitando que las condiciones o rivales tengan un efecto negativo en su rendimiento. Son capaces de regular el esfuerzo, reconociendo y midiendo la oportunidad de ganar, incrementándolo cuando sea necesario. Logran mantener la concentración en el trabajo a pesar de cualquier distracción, sosteniendo fuertemente el foco atencional, atendiendo a los procesos, en tanto que son éstos los

que deben ser debidamente gestionados para alcanzar el objetivo último. A su vez, mantienen la convicción y el compromiso con la meta, logrando no perturbarse por los errores cometidos y perseverando en el logro del objetivo mientras haya posibilidades, hasta el último momento (Jones et.al., 2002).

No obstante, independientemente de las capacidades mentales y la experiencia, las presiones, nervios y miedos resultan prácticamente inevitables en estas circunstancias. Por lo tanto, este conjunto de atletas enfatiza en la importancia de recordar que se cuenta con la preparación, siendo una instancia para la cual han entrenado, día tras día, durante un período considerable de tiempo. Adherir al plan y a la estrategia de ejecución, contar con alternativas de acción, proyectarse y visualizarse realizando los WOD, y concentrarse en el propio trabajo para que la performance del resto de competidores no afecte la propia, también se constituyen como recursos de utilidad en estas instancias. En síntesis, en sus palabras, reconocer que por algo están en ese lugar, y salir a darlo todo.

Post-competencia

Una vez finalizadas las competencias, ser capaz de sobrellevar las derrotas es posiblemente uno de los factores que marca la diferencia entre atletas mentalmente fuertes y quienes no lo son. Reconocer y racionalizar las fallas, indagando lo que no se logró y las razones que causaron tal resultado, favorece el autoconocimiento y entendimiento, permitiendo comprender lo que necesitan hacer para tener éxito en el futuro. A su vez, lejos de desanimarse, hacer uso del fracaso para conducirse a un éxito mayor, instrumentándolo como motivación para elevar el nivel de rendimiento en la próxima competencia, aumenta la determinación para lograr que esa falla no ocurra nuevamente (Jones et.al., 2002).

En atletas de Crossfit con experiencia, se percibe un proceso de maduración y asimilación de que, si bien la frustración es prácticamente inevitable ante una derrota, será pasajera e invitará a continuar trabajando. Resulta clave, en este sentido, la comprensión de que su valor como deportistas no está determinado por los resultados de una competencia, así como la importancia de apreciar los progresos realizados más allá de los mismos. Apelar a la realización de actividades placenteras no ligadas al deporte, tener un tiempo de dispersión y recuperación para retomar y continuar con el trabajo se constituye como otra alternativa en estos casos. Al mismo tiempo, la cantidad de competencias disponibles, de diversa magnitud, oficiales y no oficiales, permite encontrar rápidamente una nueva meta a la cual apuntar.

Del mismo modo, el éxito conlleva un proceso de elaboración. De acuerdo a la experiencia del grupo de atletas abordado, los triunfos son celebrados, representan un empuje anímico considerable; generan orgullo, plenitud y felicidad. Además, recuerdan la importancia de reconocer los avances, asimilar que sí se puede, que se cuenta con capacidad resolutiva y de no limitarse únicamente a las correcciones a realizar. Sin embargo, se comprende que, al igual que los fracasos, no definen la calidad del deportista: ganar una competencia no significa que siempre se ganará. Incluso, se considera que ganar llega a ser la excepción, y no la regla. En este sentido, se destaca la gestión racional de los triunfos y la predisposición a continuar trabajando para las próximas instancias.

Ganancias que no se miden en kilos ni tablas de posiciones

Considerando los aspectos anteriormente mencionados, podría decirse que el progreso dentro de esta práctica deportiva no se limita únicamente a los avances en cuanto al peso manejado, las habilidades desarrolladas, la disminución del tiempo a la hora de realizar un WOD o la cantidad de competencias ganadas. Se refleja, además, en el crecimiento personal, los aprendizajes y satisfacciones ligadas a la trayectoria deportiva de cada atleta. Por tanto, además de la importancia de la constancia y el esfuerzo, se destacan otras aristas, comunes en el discurso de quienes se desempeñan en el Crossfit de alto rendimiento.

Por un lado, se encuentra la capacidad de superación, en tanto que “el Crossfit te pone a prueba y constantemente hay nuevos desafíos, ejercicios y cosas por mejorar. Este deporte te invita a eso: a salir de tu zona de confort, a ser un poquito mejor que ayer y a entender que realmente podés si crees en vos y trabajas para lograrlo”.

En esa misma línea, el trabajo diario implica poder establecer prioridades y confiar en el proceso, en la medida en que resulta necesario “aprender a esperar, a respetar los tiempos, a disfrutar la presión, a disfrutar los sacrificios que se hacen… es importante porque hay muchas cosas que se dejan de lado”. Se pone en juego, en consecuencia, la capacidad de sobrepasar los propios límites físicos y mentales, ya que “para lograr ciertos objetivos, objetivos grandes, uno tiene que estar dispuesto a soportar el dolor”.

A su vez, además de las exigencias a afrontar, se implica el amor por el deporte y la oportunidad de dedicarse a él, en la medida en que hay quienes destacan “tener la fortuna de que enojos, alegrías, frustraciones y tristezas se limiten o estén ligadas a cuestiones deportivas”, que es lo que aman.

Por último, uno de los elementos más destacados es el aprendizaje constante: “este deporte lo más lindo que tiene es que no tiene un límite. Siempre estás aprendiendo, siempre estás mejorando, siempre hay más trabajo para hacer, más ejercicios para aprender. Creo que la mayor satisfacción que me da hacer crossfit es estar convencida todos los días de lo que hago, por qué lo hago y para qué lo hago.”

En síntesis, “cada competencia enseña algo nuevo, cada día de entrenamiento. También uno se conoce más. Siempre digo que el deporte revela el verdadero carácter de una persona y en base a eso está en uno poder trabajarlo y mejorar”. Así, desde su punto de vista, el Crossfit les “ha enseñado muchísimo, no sólo del deporte sino de la vida misma”.

Bibliografía

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